martes, 10 de abril de 2012

Día 6 - Viena

Abandonamos Praga en una mañana fría y nublada.
Desayunamos en la estación y esperamos a que la hora de salida llegara.
La estación de Praga no tenía muchas indicaciones por lo que nos perdimos y no encontrabamos nuestro andén hasta que apareció un checo, bastante grandote, que nos dijo que él nos iba a indicar desde donde salía nuestro tren. Estábamos sobre la hora así que apretamos el paso y nos confiamos al noble hombre. Él iba delante nuestro a una velocidad mayor. Al fondo de una estación larguísima estaba nuestro tren. Corrimos con mochilas a cuestas y llegamos al último vagón en donde subimos. Agradecemos al buen samaritano y nos tira un precio que no entendimos bien. Nos miramos entre nosotros y sacamos las monedas que nos quedaban en los bolsillos y que pensábamos llevar de recuerdo. Si bien teníamos reservadas monedas extras para regalar, nos resultó medio abusivo indicarnos y luego poner un precio, nos debería haber avisado antes. Como no teníamos mucho tiempo le tiramos unas monedas en lugar de cagarlo a trompadas (?)
El viaje a Viena fue tranquilo, dormimos un poco y hasta vimos un capítulo de Game Of Thrones.
Al llegar a Viena reservamos asiento en el tren a Budapest para el día siguiente. Luego de eso, sacamos boleto y fuimos directo al hostel.
Acá empieza la cosa.
Al bajar en la estación indicada seguimos las indicaciones que imprimimos y caminamos por la calle que decía ahí. El problema es que los carteles de la calle estaban cruzados; es decir, una misma calle tenía el cartel de su nomenclatura y el de la calle que la cruzaba del otro lado, por lo que saber el nombre original de la calle era IMPOSIBLE. En la primer prueba agarramos para el lado equivocado. En la segunda encontramos finalmente el camino y le tomamos la mano a las calles... pero no así a la numeración, que aún hoy creo que no entendimos. Llegamos al hostel yendo de un lado a otro hasta encontrar el número indicado.
El hostel estaba bastante bueno. Teníamos una habitación para los 3 con baño y tele, todo muy tranquilo. En ese hostel tendríamos nuestras primeras experiencias con nuestro enemigos mortales, los orientales. Sube un chino/japonés/koreano/vietnamita/chaboncitodeojosestirados al ascensor y tras un "Good Morning" de nuestra parte, mantuvo la vista en el piso y siquiera hizo un movimiento en señal de saludo. Lo peor fue que al llegar el ascensor a la planta baja y cederle el paso, para que baje primero, tampoco agradeció. Yo digo, Hiroshima y Nagasaki fueron una bendición de dios (?) Más adelante verán que esto solo fue un aperitivo de los seres más maleducados del mundo a los que todos conocen, falazmente, por educados.

"El Webby en la habitación buscando tampones porque estaba en esos días (?)"

Al dejar todo en el hostel fuimos a comer. Caminamos por una especie de Peatonal y nos fuimos metiendo en una zona donde estaba lleno de negocios turcos (como casi toda Europa), la cosa era medio rústica, pero sería esa zona nomas, después se pondría mejor.
Terminamos en una pizzería comiendo la peor pizza del mundo. De por si la comida en Europa terminó siendo una cagada en general, salvo excepciones, pero esta pizza gigante de queso, aceite de trinitrotolueno a la nitroglicerina (?) y rodajas de calabresa, era un asco. Personalmente me reventó el estómago, me cayó sumamente pesado y me condicionó el humor de todo el día.
De ahí fuimos a caminar y conocer la ciudad. Primero nos encontramos con un viento que nos complicaba hasta caminar, parecíamos dibujitos animados. Dimos vueltas por las diferentes calles y llegamos al famoso "Palacio Belvedere" de Viena (descubriríamos luego que los jardines "Bella Vista" estarían por todo Europa). La verdad que el lugar estaba buenísimo, sobre todo al estar al aire libre y al sol ya que el frío era bastante potente.

"Pequeña muestra del Palacio. Si quieren más fotos agreguen a facebook o vayan a Viena (?)"


Salimos de ahí y vimos un simpático cartel donde indicaba el lugar en el cual Sharon Stone compraba sus telas:

"El gordo estaba realizado en la vida."


Caminando por ahí siguiendo el mapa por el camino donde podíamos ver todos los puntos turísticos, nos encontramos con otro monumento a los soldados soviéticos:

"Ivanes Drago por todos lados (?)"

Seguimos caminando. Pasamos por la Ópera de Viena y vimos un sinfín de monumentos a personajes históricos de aquella zona europea, creo que en ningún país vimos tantos edificios y estatuas. A unas pocas cuadras de la ópera nos encontramos con el monumento a este genio de la literatura:


En ese momento me picó el bichito de conseguir una copia en alemán de "Fausto", pero terminaría olvidando eso en medio del cansancio y porque no encontramos librería alguna por el camino.
Viena es una linda ciudad, pero a medida que la caminábamos nos resultaba fría y vacía. No solo el clima acompañaba el aspecto de la ciudad y de la gente, sino que realmente había poca gente.
En el camino nos encontramos con estas vistas:


Algunas fotos están medio cortadas, el problema es que estaba TODO Viena en reparación. Eso también sumo a estar tan desalentados con la ciudad ya que teníamos que sacar pedazos de fotos.
Algo muy lindo y agradable fue esto que vimos en una peatonal, algo que tenía Viena es que en el aire se sentía el espíritu el Mozart, Chopin y la música clásica.


Desde ahí fuimos al hostel, mitad cansados, mitad cagados de frío, para terminar el recorrido.
Salimos a comer a la noche y el frío estaba bastante complicado. Nos sentamos en un restaurante donde hacía 200 grados más que en el infierno contrastando con el exterior, el problema fue que la carta solo tenía cosas extrañas y luego de la pizza venenosa teníamos miedo sobre comer cosas poco comunes. Terminamos comprando unas hamburguesas en la parte de "para llevar" y las comimos en la habitación. Si bien las hamburguesas tenía todo lo que puedan imaginarse (los 3 condimentos populares, pepinos, cebolla, tomate, lechuga, etc.) hice fuerza y me banqué aquellos elementos que me desagradaban. Con el pasar de los días me acostumbraría, tanto que aprendería a comer lo que sea, cosa que antes no hacía, si había algo que no me gustaba no lo comía, ahora me banco todo menos las aceitunas. Una de las cosas que aprendí en este viaje fue a comer y no ser tan quisquilloso.
Antes de terminar debo decir que en retrospectiva Viena no fue tan malo como lo cuento. Pensándolo ahora no estuvo tan mal y vimos muchas cosas, el tema fue en el momento y creo que contarlo como lo sentíamos es llevarlos allá con nosotros. Resumiendo: Austria resultó ser una Alemania de menores dimensiones, no solo en idioma, arquitectura y costumbres, sino en general. Es como Uruguay en relación con nosotros. Y si esa analogía entre los países no les basta puedo explayarme mejor; Austria le dió a Alemania a Hitler y Uruguay nos dió a nosotros a Laport... con el perdón de lo desafortunado que pueda resultar este tipo de comparación... pobre Hitler (?)
En fin, esto fue Viena. No sé si lo recomendaría, ese día podría aprovecharse en otro lugar, a menos que lo necesiten como conexión de la forma que necesitábamos nosotros para llegar a un destino que pelearía cabeza a cabeza con Praga, la hermosa y mística Budapest.

1 comentario:

  1. me acorde de la muzzarella (o como se escriba) donde vi esas aceitunas verdes que nadie se queria comer, luego entendi porque nadie queria comer esa salmuera jajajajaja me quedo con las aceitunas que venden aca :P

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